Por: Julio Castrejón

 

“El mago hizo un gesto y desapareció el hambre, hizo otro gesto y desapareció la injusticia, hizo otro gesto y se acabó la guerra. El político hizo un gesto y desapareció el mago”.
Woody Allen

 

Un ser invocado y temido, con voluntad propia que se manifiesta en la realidad, un ser sabio y bueno, una colectividad consciente, un ente que amalgama todas las virtudes y rechaza todos los vicios; todas estas definiciones y muchas más han tratado de definir la palabra “Pueblo”, se trata de un paradigma político convertido en el santo patrono de populistas y demagogos de todos los tiempos.

 

Empecemos con la definición del diccionario de la Real Academia de la Lengua, que atisba lo siguiente: Pueblo.

(Del lat. popŭlus).

1. m. Ciudad o villa.

2. m. Población de menor categoría.

3. m. Conjunto de personas de un lugar, región o país.

4. m. Gente común y humilde de una población.

5. m. País con gobierno independiente.

 

Es decir, el Pueblo es una condición geográfica, estadística y una adscripción política en el sentido de la identidad cultural de nacimiento: el pueblo de Islandia, el pueblo de México etc.

 

Es una definición ambigua, una vulgaridad académica referirse al “Pueblo” como un todo, es más razonable pensar en términos de comunidades, sociedades heterogéneas que comparten valores sociales y culturales, son diversas en costumbres y formas de organización social.

Podemos hablar del pueblo de Chiapas y el pueblo de Nuevo León, aunque ambos pueblos pertenezcan a México y estén adscritos a su nacionalidad, sus patrones culturales son distintos, compartan el español como idioma oficial (en Chiapas existen 12 lenguas indígenas y en Nuevo León 4), ambos pueblos son distintos, en Nuevo León existe una sociedad orientada a los negocios y la industria.

En Chiapas es más orientada a la agricultura. Ninguna es mejor o peor, simplemente son diferentes, por lo tanto enfrentan problemas diferentes.

La categoría “Pueblo”es utilizada principalmente por la clase política, y por cierta clase política, para hablar por el conjunto total de la población (129.2 millones en México,2017, INEGI) y es empleado para justificar decisiones con el supuesto aval del “pueblo”, es decir, su respaldo, pero esto es falso, por ello existen dos formas democráticas que se han convenido, las cuales son los sistemas de Representación y el de Participación Ciudadana, el primero delega en diputados y senadores la representación “popular” en las decisiones legislativas, la segunda es utilizada para aquellas decisiones delicadas que no tienen consenso o que por su importancia deben someterse a consulta de la población (ejem. BREXIT en Inglaterra), esa es la razón por la que se exigen parámetros legales para dar validez y certidumbre a dicha consulta, hacer consultas como la del NAIM sólo tienen validez cómo sondeo estadístico (muestra porcentual), pero carece de rigor científico para declararla válida.

SOBRE EL PUEBLO BUENO Y SABIO

Existen en la historia de la humanidad ejemplos que contradicen la postura acerca de la bondad y sabiduría del “Pueblo”, hoy mismo en México existe preocupación por el linchamiento en algunas poblaciones sobre presuntos delincuentes que son capturados por los pobladores y son asesinados por la turbamulta enardecida por la ineficacia de los órganos de impartición de justicia, quién se convierte en juez y verdugo en fast track para resolver sobre la vida y la muerte de un presunto criminal.

Personajes como Cristo fueron juzgados por ese mismo “Pueblo, bueno y sabio”, muchos alemanes guardaron silencio ante el holocausto y el exterminio de miles de seres humanos en los campos de concentración nazis durante la segunda guerra mundial, igualmente ocurrió en los gulags soviéticos, donde el “Pueblo bueno y sabio” participó activamente en los crímenes del camarada Stalin… podríamos seguir en la infinidad de ejemplos internacionales y locales sobre la utilización demagógica del “Pueblo” para justificar toda clase de atropellos cometidos en nombre del “Pueblo”.

El caso es llamar a la reflexión a los nuevos gobernantes de México, AMLO y su pandilla a mesurar su discurso, reconocer que sólo una quinta parte del país votó por él (30 millones) y como primera mayoría tiene un deber, no sólo con sus electores, también con los que NO votaron por su opción, apostar por la intolerancia política es apostar por el extremismo y el terrorismo como forma pragmática de combatir al intolerante, así hemos visto manifestarse al norte de la República en los días pasados, la ultraderecha y la ultraizquierda armadas tienen un gran parecido y un mismo origen cuando no encuentran espacios dentro del sistema político nacional dominada por una camarilla impermeable a cualquier otra opinión.

Las guerrillas comunistas de los años 70 tuvieron ese génesis, un sistema asfixiante que no daba espacios de expresión política. Será decisión de ésta pandilla que la auto llamada 4a Transformación termine en un baño de sangre o bien que de apertura para todas las opiniones, despojándose de la vocería del PUEBLO y de paso a un análisis serio de los problemas de esa gran diversidad que somos los mexicanos.

 

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