Por Julio Castrejón

 

Lo que ha sido creído por todos siempre y en todas partes, 

 tiene todas las posibilidades de ser falso. – Paul Valéry

 

Andrés Manuel López Obrador es el amo indiscutible de la agenda política de México, ha sabido entrometerse en todos los temas posibles, no da descanso, mantiene a la audiencia que lo sigue en vilo permanente, maneja los hilos del interés siempre en altas expectativas.

¿Cuánto puede durar su público en ese estado catatónico? No existe respuesta.

Todas las sociedades del mundo han colmado sus sueños en la política, hay quienes creen que el “arte de la política” reside en la capacidad de hacer imaginar a los demás mundos imposibles en este triste mundo real, hay líderes que han provocado cambios radicales en sus pueblos aprovechando la condición humana de “creer en algo superior”. Hoy en México estamos apostando por un líder que dice más de lo que realmente es posible realizar.

En 1929 José Ortega y Gasset publicó “La rebelión de las masas” un referente de cualquiera que quiera iniciar una carrera política, establece la necesidad del político por penetrar a las conciencias del electorado y por otra parte la necesidad de la audiencia por creer en el líder político y cómo ésta creencia ciega puede llevar al individuo a cometer toda clase de actos violentos en pos de su credo político, en el fondo las personas tenemos la urgencia de tener identidad con otras personas con nuestras mismas creencias, de ahí el origen de los equipos deportivos y sus hinchas, eso lo describió como “veneno de rebaño” y es que en lo individual un ciudadano común es “incapaz” de cometer actos ilegales o vandálicos, pero en grupo olvida sus valores o los impedimentos morales para dejar aflorar sus más básicos instintos, ello tiene que ver con la evolución de la especie, siempre fue mejor cazar en grupo para planear y ejecutar estrategias para obtener carne y con ella las necesarias proteínas que su cerebro fue demandando. Pero de lo que hablaba Ortega no era un ánimo grupal por alcanzar alimento sino motivaciones políticas que desembocan en la bestialidad más primitiva del hombre.

Aunque la llamada “Opinocracia” estima que el fenómeno AMLO irá desinflándose en la medida que vaya incumpliendo sus promesas, válido en un demócrata o un liberal, pero hay que recordar que Andrés Manuel no es uno ni lo otro, por lo contrario, sabe perfectamente que ante cada coyuntura existen siempre una bifurcación en la que puede decidir por un camino que le convenga, por ejemplo, ante el tema de la violencia o de una crisis económica puede “culpar” a “la mafia financiera” ante sus contrarreformas, puede decir, y ya lo hace, que heredó un “cochinero” en el país. Son recursos que a otros demagogos han empleado a lo largo de la historia.

Fidel Castro utilizó el fracaso económico escudado en el bloqueo de Estados Unidos, inventó la imagen de un enemigo recurrente, él jamás tuvo la culpa de sus torpes políticas económicas, siempre encontró un culpable que las masas creyeran fielmente.

Mao igualmente, ante la hambruna que aniquilaron a millones de chinos siempre encontró culpables “antirrevolucionarios y enemigos del pueblo” entre sus ministros de economía y agricultura, era obvio que él como visionario y figura mítica del sueño revolucionario no podría ser responsable del sabotaje que fue víctima de otros vendidos al capitalismo occidental que quería ver fracasar la gran revolución china.

AMLO sabe todo esto, ha visto ejemplos nacionales y extranjeros y NUNCA aceptará que se equivocó en el caso del NAIM. Sus huestes educadas en la tradición de izquierda también lo saben.

Ojalá me equivoque y una buena parte de aquellos mexicanos que creen en la inteligencia puedan debilitar y exhibir cualquier intento por imponer la demagogia sobre la realidad.

 

@julio_castre