Por: Julio Castrejón

El mundo necesita mentes y corazones abiertos, y estos no pueden

derivarse de rígidos sistemas ya sean viejos o nuevos
Bertrand Russell

 

El pasado 26 de noviembre, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), hizo pública la convocatoria para la creación de una “Constitución Moral” que regirá a la República, trato de entender la trascendencia y significado de tan “moral” propósito, busco alguna explicación, mientras tanto, subido en mi total ignorancia recurrí al diccionario para encontrar un significado cercano de lo que quiso decir AMLO con dicha idea y tomé del diccionario de la RAE, encontré el significado figurativo:

  1. Doctrina del obrar humano que pretende regular el comportamiento individual y colectivo en relación con el bien y el mal y los deberes que implican.

De ser aplicable este significado, el próximo gobierno tendrá la meta de emprender una campaña sin precedentes de lo que es y no moralmente correcto en el nuevo régimen, quiero entender, según lo expresado en dicho evento que se trata de un conjunto de reglas y códigos con los que han de desempeñarse los futuros funcionarios públicos, ojalá sea eso y no un intento ideologizador de homogeneizar el pensamiento y abolir la crítica.

Quizá valdría la pena recordar que en los países libres, como lo ha sido México, se ha desestimado la “moral” como sistema de organización social por uno basado en leyes, pues se entiende que la “moral” corresponde al ámbito personal, es decir, lo que yo entiendo por moral no necesariamente es compartido por otras personas, lo que en el sistema legal se entiende cómo el “libre desarrollo de la personalidad”.

Ahora bien, la únicas reglas que deben acatar los funcionarios públicos deben ser la honestidad y la capacidad para desempeñarse en el puesto, ello debe ser regulado por leyes y mecanismos de evaluación del gasto que transparenten sus acciones de cara a la sociedad, cosa a la que AMLO no se ve muy convencido, por lo que es predecible un gobierno opaco en materia de transparencia.

El ESTADO DUEÑO DEL BIEN Y DEL MAL

AMLO cree que él tiene la facultad de “perdonar” los actos de corrupción del pasado y futuro, justo algo que la izquierdistas y demócratas criticaron del priísmo, el titular del ejecutivo no debe usurpar funciones del poder judicial. EL EJECUTIVO NO PUEDE SER JUEZ Y PARTE, eso carece de “moral” y ética.

Si el deseo de AMLO es contribuir al comportamiento moral del poder público, debe en primer lugar sacar las manos del poder judicial, propiciar su independencia y someterse a la actual constitución y las leyes que de ella emanan y apoyar un fiscal independiente; eso sería un acto histórico y no protagónico. Garantizar que todos aquellos que tengan deudas con la justicia sean investigados por los órganos de justicia mediante procesos justos, respeto a los derechos humanos y libres del interés político.

El poder en México debe tener altura de miras, convocar a la inteligencia para resolver los grandes retos que tiene enfrente, velar por el progreso material de la ciudadanía, fortalecer el estado de derecho, respetando el pacto federal y lo más importante, proteger la diversidad del pensamiento que tenemos los mexicanos. Ello no requiere de una “Constitución Moral”, eso sólo es propio de gobiernos autoritarios y represivos.

El Estado no puede dictaminar lo que es “bueno” y “malo”, sólo reglamentar conductas que puedan dañar a terceros o que violenten la convivencia entre los ciudadanos en un marco de respeto a la integridad humana.

Es urgente definir a qué “moralidad” se está invocando y lo más importante: ¿con que fin?, ¿es un asunto orientado exclusivamente a la función de los servidores públicos?, ¿a las conductas que se consideren “inapropiadas” de los ciudadanos?, ¿porqué moral y no legal?

Estas preguntas encontrarán respuesta en el arranque de la 4a Transformación que ha iniciado ya con una materia volátil y abstracta como es la “moral”.

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