Por: Julio Castrejón

 

“La historia ama las paradojas”: Bertold Brecht

 

El pasado 11 de noviembre se conmemoraron los 100 años del fin de la Primera Guerra Mundial, llamada la Gran Guerra, lo que merece una reflexión del mundo en que vivimos y las enseñanzas de la historia.

Un conflicto bélico que empezó en la Europa imperial y que se desbordó por todo el planeta, en el fondo fue una disputa por el reparto de territorios, fue la primera guerra moderna de la humanidad, desfilaron toda clase de tecnologías creadas para el exterminio masivo: submarinos, tanques, dirigibles artillados, bombardeos urbanos, armas químicas y un listado infinito de artilugios de destrucción, la ciencia al servicio de la muerte.

Las consecuencias de la Gran Guerra fue la descomposición del mapa europeo, el fin de algunas dinastías monárquicas, el triunfo de la primera revolución Comunista en el mundo en Rusia, Europa cayó en crisis económica y surgieron Japón y Estados Unidos como potencias mundiales.

Proliferaron en las calles de Europa la hambruna, el desempleo, la prostitución y el crimen organizado que derrumbaron todos los intentos democráticos por establecer gobiernos que dieran viabilidad al Estado Nación, por el contrario surgieron los radicalismos ultranacionalistas, radicales comunistas y anarquistas que se disputaban el control de las naciones.

El racismo y echar la culpa de los males a extranjeros y judíos fue la norma en Italia y Alemania que llevaría al triunfo del militarismo fascista y con ello la siguiente guerra mundial.

A 100 años vemos un mundo no muy diferente, la pobreza ha crecido, las oportunidades laborales están restringidas por un sistema económico irresponsable que se encuentra cómodo en la especulación financiera global sin compromisos sociales, lo que ha provocado apreturas financieras en los países en desarrollo para garantizar a la población de los requerimientos materiales necesarios para su supervivencia, mientras el pulpo de las multinacionales simplemente generan crisis recurrentes cuando sienten que sus inversiones están en riesgo. Todo esto ha originado desplazamientos poblacionales, migraciones que nuevamente han generado xenofobia y ultranacionalismos que amenazan libertades y a las democracias.

Trump, López Obrador, Bolsonaro, Maduro, Le Pen y otros son los representantes de una nueva oleada de radicales autoritarios que enarbolan en nombre del “Pueblo” la justificación para cerrar sus economías y restringir libertades, como es el odio a los migrantes, muros fronterizos y controles económicos proteccionistas, el futuro del mundo no es muy alentador.

Es necesaria la aparición de los liderazgos que se opongan a la avalancha populista, que pongan al centro al humanismo, las libertades y la educación como los motores del desarrollo. Un pacto social que sea viable y compatible con las libertades civiles y comerciales, un equilibrio sustentado en bienestar con responsabilidad, industria con cuidado ambiental y la inclusión social sin racismo, al final nadie puede anhelar una nueva guerra mundial que sería de exterminio de la raza humana, es mejor tender puentes, respetar culturas y formas de ver el mundo que la destrucción y la muerte.

Estamos a tiempo de evitar una catástrofe.

 

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