Por: Julio Castrejón

 

Era finales de los años 70 cuando conocí los cómics de Marvel, la rúbrica de Stan Lee estampada en los créditos la tengo clavada en la mente cuando escucho su nombre, de vez en cuando podía verse su figura dibujada en esas fantásticas historias de mundos imposibles y de narrativa impecable…

Así consumía los domingos de mi infancia. Comencé a dibujar copiando aquellos fabulosos trazos, seguían mis ojos la delgada línea negra de la tinta al modelar el rostro del Capitán América o de Spiderman, poco a poco iban surgiendo del papel en blanco, era una catarsis, pasar horas copiando aquellos dibujos que me trasladaban a ciudades fuera de este mundo como Asgarth o más mundanas como Nueva York y otros tantos lugares que existían en esas historias que se compraban por 5 pesos en el puesto de la esquina de Manuel M. Flores y Niño Perdido.

Pero habían muchas cosas más, las historias de Stan Lee siempre estaban impregnadas de ciencia y tecnología por causa del descontrolado saber humano, la ciencia sirve tanto de prisión como liberación del hombre.

Hulk es víctima del Dr. Banner y este de su propia creación, su condición desnuda de orgullo se devela en monstruos que lo atormentan y terminan por convertirlo en una abyección condenada a sobrevivir con ambas personalidades y sin la posibilidad de terminar con su propia existencia, ese es el drama de la humanidad ante nuestras horripilantes creaciones el suicidio no es opción.

Otro ejemplo es el personaje de Ultrón, profetizado por Stan y otros creadores, rebasa la idea absurda del dominio de las máquinas sobre la humanidad, una crítica nacida a mediados del siglo XlX y conocida con el nombre de “Maquinismo”.

Ultrón supera esas visiones apocalípticas, se trata de vida artificial y no de inteligencia artificial, no requiere de un cuerpo y puede reproducirse y autocopiarse en segundos, es obvio que los humanos estamos de sobra en la mente de Ultrón que se hace las mismas interrogantes profundas del hombre, con una variable, no necesita moral y propósito para existir, tampoco alimento y cobijo. Stan nuevamente se adelanta a su tiempo y alerta del verdadero peligro que entraña la creación humana.

Los personajes de Stan no eran seres humanos perfectos o extraterrestres, todos cargan la loza de su contexto, son las primeras víctimas de familias desintegradas o asesinadas por criminales despiadados que los lleva a albergar rencor y  sentimientos de venganza, algunos lograron comprender que detrás de “un gran poder existe una gran responsabilidad” (Frase de F.D. Roosevelt que Stan Lee hizo suya), otros no la comprendieron e hicieron inmersión en las profundidades del odio que concluirá con la extinción de su propia materialidad.

Nuevamente el drama humano, la condición más triste y perturbadora de la realidad del hombre, sin embargo, también existe la redención para los hombres que buscan despojarse del pasado, errores, horrores, omisiones y demonios. Obtener la redención implica renunciar a su miserable condición, ser otro y aceptar que el pasado no tiene remedio y el presente puede escribirse de otra manera, la responsabilidad del Héroe es reconocer la pobreza de su condición y remontar, por eso es Héroe, los humanos comunes simplemente somos consumidos por el fuego de nuestras debilidades.

Los súper poderes del héroe son la metáfora del pecador que remonta su condición marginal y miserable, por una distinta, donde el honor y el humanismo poseen un reino infinito. Por ello los personajes de Stan Lee tenían que ser tan imperfectos como somos los hombres, ¿de qué otra manera podrían salvarnos de nuestra propia destrucción?

En el universo de Marvel el poder del Estado siempre es perverso, el enfrentamiento con la institucionalidad es un ácido que lo consume todo, las ideologías buscan uniformar el espíritu con la ilusión de controlar sus intereses, Stan lo denunció a lo largo de su carrera, siempre apoyando los derechos civiles, la libertad como la capacidad de soñar y decidir sin la intervención estatista, la política cobra la imagen de eslabones de una cadena de hierro que pretende imponerse sobre el pensamiento, los militares obsesionados en fabricar la súper arma y el súper soldado sólo logran engendrar muerte y destrucción, todo aquello que juraron evitar, la paradoja del poder expuesta en un cómic.

Stan Lee fue reclutado durante la Segunda Guerra Mundial, conoció de frente el genocidio y la muerte despiadada, pero comprendió que no existen las guerras “buenas”, pero sí las guerras justas.

Era imperativo eliminar la barbarie Nazi y liberar a los pueblos oprimidos por esa delirante ideología, es decir, hay honor en luchar por las causas que son justas para el hombre, en el frente de guerra conoces a tus verdaderos amigos, los ves morir y en ocasiones recogerte herido, es posible que haya conocido a algunos amigos como Bucky (creado por Joe Simon y Jack Kirby) y reconocer en su amistad la verdadera entrega y compañía que una persona puede ofrecer a otro ser humano.

Hoy el chasquido de Thanos se ha llevado a Stan Lee, seguramente en estos momentos está viendo con sus ojos esos mundos que imaginó, librando batallas en los miles de universos creados en su máquina de escribir en un pequeño e infinito departamento de Nueva York.

Gracias Stan Lee, mi deuda está pagada.

 

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