Por: Julio Castrejón

«Los cristianos decían: Todo lo mío es tuyo; los socialistas dicen todo lo tuyo es mío»: Winston Churchill

Podemos o no estar de acuerdo con los altos sueldos de la Suprema Corte de Justicia, colocar familiares en puestos importantes sin concurso laboral o sin méritos académicos que los justifiquen son cuestiones denunciadas y poco atendidas por los propios juzgadores, es algo reprobable,pero no le corresponde al presidente López Obrador manipular dentro del Poder Judicial, por aseo democrático y separación de poderes.

Podemos estar de acuerdo o no en la reducción de salarios, MarioDelgado, diputado de Morena decía “¿qué mayor responsabilidad en el país quela del Presidente de la República?, de ahí que nadie deba ganar más…” Esto es falso, quizá dentro de ciertas esferas políticas sea cierto, pero pienso que es un análisis mezquino y pienso en algunas profesiones como la del director del reactor nuclear de Laguna Verde, los directivos de la seguridad informática del Banco de México e incluso algunos cardiólogos en los que depositamos nuestras vidas, merecen un mayor salario, son cuestiones de seguridad nacional y vidas humanas.

Como en muchas cosas que vemos en los medios nunca llegamos al fondo de las cosas y en este caso no son las remuneraciones salariales, si no la incapacidad de generar riqueza, ese es el verdadero problema, la pobreza es la ausencia de riqueza, por lo que es indispensable crear riqueza para combatir eficazmente la pobreza.

Más de 60% del empleo en México lo genera la iniciativaprivada y la economía informal y un 30% los tres órdenes de gobierno. Los empleos en México son mal pagados, pueden variar entre lo s 3 mil pesos hasta los 30 mil pesos mensuales, estos últimos sólo representan en 15%, para lo cual se requiere contar con licenciatura y hablar inglés, entre otras habilidades.

El gobiernos implemente no podría dotar de empleos a todos los mexicanos que lo requieren, pero sí puede crear las condiciones para detonar el desarrollo de la nación con un proyecto sólido de infraestructura, vivienda y condiciones para el emprendimiento, a cambio el Estado debe reducirse y dar garantías a la inversión local, modificar el régimen de propiedad y diseñar un modelo fiscal que le permita obtener mayores recursos y administrarlos en servicios estratégicos para los mexicanos: seguridad, educación, salud, cultura y emprendimiento social. Desafortunadamente nada de esto está planteado, quizá sólo en enunciados carentes de contenido, bonitas ideas que no aterrizan.

Confiar que la Iniciativa Privada sería un mal chiste, los ricos mexicanos están cómodos en un sistema de cuatismos y enjuagues, es una clase social que no arriesga y que busca invertir el mínimo necesario para obtener la máxima ganancia, Abel Quezada los definió como Empresaurios,es decir, ricos parasitarios que ganan mucho y aportan nada, esa es la función del Estado, cambiar las leyes y obligar a los actores a dejar la comodidad y actuar, ejemplos globales sobran, casos como Islandia, China, India y Corea del Sur son algunos ejemplos de cómo crear riqueza, naciones pobres que se convirtieron en ricos con gobiernos fuertes y leyes claras contra la falta de competitividad, especulación financiera y una redefinición del papel del Estado.

Función que no incluye la de bajar sueldos, pero sí cobrar más impuestos a quien más gane, a cambio de una educación, salud y servicios de calidad, vean los ejemplos de Alemania (fue destruida en dos guerras), Japón, Suiza y otros tantos que han comprendido que el binomio sueldos e impuestos pueden ser equilibrados en un pacto social distinto.

Claro que AMLO y su pandilla de improvisados no entiende estas lógicas globales, su reduccionismo es simple y chato: “¿tiene? quítaselo, ahora, porque lo digo yo”.

Quizá sea momento de nuevas formas de protesta social, parte de la solución está en un activismo más pragmático y directo, la “izquierda” no lo va a hacer, ellos están felices repartiendo lo que no es suyo, es momento que la ciudadanía salga y proteste contra el gasolinazo como ocurrió en Francia y le de un ultimátum al gobierno que prometió: “No les fallaré…” y lo primero que hizo fue fallar a su palabra.

Los ciudadanos tenemos la última palabra y no los políticos, sin nuestra participación y los impuestos que aportamos ellos serían nada.

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