Por: Julio Castrejón

Somos testigos de un antiguo legado político llamado “polarización”, que no es otra cosa que el desprecio de dos grupos antagónicos entre sí, los marxistas le llamaron “lucha de clases” y de esta lucha, decían, surgiría triunfante el Comunismo, un mundo donde todas las personas serían iguales entre sí, con los mismos derechos y oportunidades, se terminaría la explotación y en suma toda la humanidad alcanzaría la felicidad absoluta.

Para desgracia de los comunistas y de los seres humanos que vivieron bajo el manto rojo de dicha doctrina, esa felicidad prometida se convirtió en una época oscura sin libertades básicas y con grandes carencias materiales, mientras la nomenclatura burocrática disfrutaba de las generosas bondades del comunismo real.

La polarización ha servido para dividir sociedades, doblegar voluntades y justificar mitos irracionales; en la Alemania Nazi se dividió el mundo en arios y no arios (judíos, negros, morenos etc…), existía una historia aria (heróica y estoica) frente una historia vil y asquerosa (la no aria), esto funcionó a la perfección para adoctrinar a millones de voluntades en favor de una ideología absurda que despreciaba la vida humana.

En los años de la Unión Soviética la polarización se traducía en Burgueses y Proletarios, los primeros eran considerados engendros del mal y los segundos eran los nuevos hombres de una nueva sociedad más justa e igualitaria. Ambos ejemplos utilizaron la polarización para encumbrar lo que hoy conocemos como “totalitarismo”, es decir, una visión “total” de la realidad, donde sólo existen negros y blancos, amigos o enemigos, bueno y malo. no existen las escalas de grises, opiniones distintas y un lugar intermedio que no sea ni bueno, ni malo.

Bajo esas ideas totalitarias se cometieron masacres en nombre del pueblo ario y proletario, se justificaron homicidios en masa, persecuciones y la destrucción de la cultura. En Cuba, se criminalizó la homosexualidad, como si fuera potestad del Estado la regulación de las preferencias y deseos sexuales. Claro que sí, cómo alguna vez apuntaría el famoso Carnicero de la Cabaña, el argentino Ernesto Guevara, se trataba de construir al “hombre nuevo” y esa idea –“burguesa”– simplemente chocaba con el ideal que los diseñadores del Comunismo había planteado desde su origen.

Hoy en México vemos expresiones totalitarias con mayor frecuencia, el nuevo poder califica y descalifica a sus críticos con expresiones burlonas: “Fifí” , sinónimo de burgués, que supone que lo es por obtener su riqueza del saqueo y la corrupción.

Los “Fifís” se reúnen a pensar complots contra la 4a Transformación (lo que ello signifique) y contra su “amado líder”, buscan denostar y eventualmente en su derrocamiento, para ello utilizan a la prensa “Fifí” que trabaja al servicio de la banca “Fifí” y el gran capital nacional y extranjero (otros FIFÍS, pero con mayúsculas), esta idea es culpa del mediocre gobierno de Enrique Peña Nieto, pues otorgó a sus cómplices en el sector privado y público contratos millonarios, detrás de la expresión “Fifí” existe un claro repudio al capitalismo de “cuates” apoyado en este sexenio que concluye.

Es importante que el “amado líder” López Obrador ponga un freno a dicha polarización, ello puede acarrear fatales consecuencias al país, reconciliarnos es recuperar la paz, mantener la libertad de expresión que se conquistó tras 70 años de gobiernos priístas y lo más importante en generar desarrollo y riqueza para un pueblo que cree en la competencia, en el libre mercado, en el trabajo, en la creatividad y sabe luchar para llevar el pan a su hogar.

La igualdad no es el reparto de la pobreza, es garantizar las oportunidades para salir del hoyo y la miseria.

Los mexicanos no somos Fifís o Chairos, somos un conjunto de personas diversas que compartimos una cultura, una visión amplia y rica del mundo, reconocemos nuestros problemas y aspiramos alto, no podemos aceptar que se divida un pueblo generoso y valiente por una doctrina que sólo se dedica a prometer un futuro que es incapaz de describir y que en 5 meses de transición sólo han demostrado ser una pandilla de improvisados y revanchistas, permitirlo sería condenar a nuestro país a la peor de las dictaduras posibles.

 

 

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